El día 16 de octubre, se celebra el Día de las escritoras. Desconozco si en las escuelas se adoctrinará al al alumnado para que lean a mujeres como Gloria Fuertes, Almudena Grandes o Isabel Allende. Puede que tengan la ocupación de leer a Miguel de Unamuno, Pío Baroja o Javier Marías pero en realidad lo que más me preocupa es que la mayoría de personas no leen. Ni a mujeres, ni a hombres. Ni mucho, ni poco. Ni malo, ni bueno.
Históricamente se ha ignorado a la mujer escritora y por eso, a modo de homenaje, repasaremos algunos de los escritos más importantes de Gloria Fuertes, una de mis artistas favoritas.Todas las noches leía con mi madre uno de sus poemas, es por eso que le recuerdo con tanto cariño. Fuertes se caracterizó por escribir a favor de la igualdad entre mujeres y hombres, por escribir como pocas artistas lo hacen y sobre todo, por su intachable ideariofeminista.
Algunos de los poemas que más me han impactado:
Siempre hay alguien
Quitaros esa máscara,
la tristeza no es más que una careta,
puede durar tanto como tardes en quitártela tú mismo,
prueba.
Estás provocándote llanto artificial, hermano;
he dicho hermano y debí decir amante.
Nos cogemos las manos y no decimos que se siente nada.
Poco a poco se va mezclando nuestra sangre en los
encuentros.
Un buen día acabaremos por ser la misma cosa.
Libres somos.
Frecuentamos el dolor porque queremos,
como pudiéramos frecuentar el parque.
Hablamos de mutuas soledades,
hablamos de aventuras que tuvimos,
de que todo está lejos,
de que es difícil.
Y nunca hablamos de esto maravilloso que nos va
convirtiendo en ranas.
Quién dijo que la melancolía es elegante?
Quitaros esa máscara de tristeza,
siempre hay motivo para cantar,
para alabar al santísimo misterio,
no seamos cobardes,
corramos a decírselo a quien sea,
siempre hay alguien que amamos y nos ama.
La gente dice
La gente dice: "Pobres tiene que haber siempre"
y se quedan tan anchos
tan estrechos de miras,
tan vacíos de espíritu,
tan llenos de comodidad.
con emoción
que en un próximo futuro
sólo habrá pobres de vocación.
Yo aseguro.
Se suicidó la estatua del dictador
Se suicidó
la estatua vivía en el centro del estanque.
Una noche de viento
la estatua se lanzó al agua.
La estatua del dictador
murió ahogada.
Sólo las gaviotas la echaron de menos.
Imagino que os habrán gustado estas tres poesías y os animo a que investiguéis sobre ella (y muchas otras poetas). La Historia las maltrató ignorándolas pero nosotras conseguiremos que Gloria Fuertes sea toda una referencia de la poesía española. Del ayer, y del hoy.
Si quieres leer más sobre poetas puedes leer el texto sobre Miguel Hernández en este mismo blog.
Complicidad es lo que buscamos y no encontramos.
Como las casualidades planeadas.
Como las sorpresas pilladas.
No salen bien.
Nunca.
Complicidad es lo que de pronto aparece donde menos te lo esperas.
Como aquel calcetín que se quedó sin pareja el invierno pasado.
Como aquella foto arrugada en el fondo del cajón prohibido.
Aparecen sin ser esperados.
Siempre.
Y te vuelven loca.
Y te entran ganas de reír.
De saltar.
De seguir soñando.
Complicidad es algo tan efímero como el paso de una estrella fugaz.
De pronto viene y de pronto se va.
Y te vuelven loca.
Y te entran ganas de llorar.
De gritar.
De seguir soñando.
Complicidad.
Cuánta falta haces cuando te vas sin avisar.
De la noche a la mañana,
haces que nos sintamos vacías,
desconocidas.
Y nos vuelves locas.
Y te entran ganas de llorar,
de reír.
Y de soñar con los momentos en los que solo bastaba eso:
complicidad.
Miguel Hernández Gilabert nació un treinta de octubre del año 1910
en Orihuela, un pueblecito de Alicante. Su familia, muy humilde, se
dedicaba a la cría de ganado caprino y por ello vivían a las
afueras de la localidad. Desde bien pequeño fue pastor pero no dejó
sus estudios hasta el bachillerato. Fue en ese momento cuando el
padre le obligó a que se dedicara exclusivamente al pastoreo y que
abandonara, de una vez por todas, los libros. El joven pastor, sin
embargo, empezó a escribir sus primeros poemas sin que nadie lo
supiera.
Algunos historiólogos cuentan que se escapaba a la
biblioteca pública de Orihuela a escondidas, y que es allí donde
conoció a Luis Almarcha Hernández. Ambos crearon una sólida
amistad y ampliaron su grupo junto a Manuel Molina o Carlos Fenoll.
Todos ellos disfrutaban de la misma manera: leyendo y escribiendo. Se
puede decir que el joven encontró en los libros de clásicos
como Lope de Vega o Miguel de Cervantes, su principal fuente de
educación y sabiduría.
Al cumplir los veinte años de edad le otorgaron su primer y único
premio literario, y se lo concedió la Sociedad Artística del Orfeón
Ilicitano por el poema de 138 versos titulado "Canto a
Valencia". Aunque solo le dieran una escribanía de plata, y
no dinero como él deseaba, ese pequeño título le sirvió para que
algunas revistas y diarios se interesaran en él y le dejasen
publicar algunos de sus trabajos. Fue entonces cuando tomó la
decisión de marchar a Madrid y buscar trabajo. Aunque pasados unos meses se vio
obligado a volver a Orihuela, consiguió escribir su primer libro
"Perito de lunas" que fue publicado en 1933 y retomó el
sueño de encontrar trabajo en Madrid. En ese segundo viaje logró su
objetivo: le contrataron en la Revista de Occidente. Además
conoció a personas tan importantes como Pablo Neruda o Vicente
Aleixandree y todas esas nuevas experiencias hicieron que sus poemas
cada vez tuvieran mayor valor.
Al estallar la Guerra Civirl el
poeta se alistó en el bando republicano. Se presentó en las
batallas de Teruel, Andalucía y Extremadura pero consiguió
escaparse para casarse con la única mujer de su vida, Josefina Manresa. Todos
estos acontecimientos no hicieron que dejara la escritura, ya que
asistió al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas y publicó obras como "Hijo de la luz y de la sombra" (Juan Manuel Serrat publicó un álbum con 13 de sus poemas musicalizados).
En abril de 1939, recién terminada
la guerra, Miguel Hernández mandó imprimir en Valencia "El
hombre acecha" pero antes
de que se encuadernaran una comisión franquista ordenó
la destrucción total de la edición. Sin embargo, dos ejemplares
pudieron salvarse y se publicaron muchos años después. El poeta,
dada su situación de riesgo, se vio obligado a marchar de Orihuela a
Portugal cruzando la frontera de Huelva pero la policía portuguesa
le atrapó y entregó a las autoridades españolas para que lo
metieran en prisión.
El oriolano vivió en la cárcel de Sevilla y después le
trasladaron a Madrid. Gracias a las gestiones que su incondicional amigo
Neruda hizo con un cardenal le soltaron y dejaron marchar a su tierra.
Pero con Franco, las cosas nunca eran tan fáciles. Al llegar a su
pueblo le volvieron a arrestar y esa vez, le juzgaron y condenaron a
muerte. Sus buenos amigos José María de Cossío y Luis Armarcha
intercedieron por él y consiguieron que se le conmutara la pena de
muerte por treinta años de cárcel. Miguel Hernández soportó que
le cambiaran de cárcel una y otra vez, desde una punta del país a
la otra pero su cuerpo se debilitó por completo al enfermar de
tuberculosis. Esta fue la razón de su muerte. Al menos la razón
física. Pero al poeta le mató el Régimen, solo por escribir.