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lunes, 25 de septiembre de 2017

Tu mejor pesadilla



Tengo que sanarme de una vez.
Despedirme,
desprenderme
de ti.
Las horas pasan rápido,
el tiempo se va y no vuelve, 
a diferencia de mí.

Cuando te escriba canciones
sentirás lo que siento,
entenderás lo que entiendo,
cantarás lo que yo callo.

Me odio 
y te odio
por hacer que olvide 
que te tengo que olvidar.
Míranos,
¿quién tiene la razón?

Ya no queda nada.
No volverás a ver
cómo deshago la cama
no vaya a ser que acierte otra vez
y me convierta en tu mejor pesadilla. 






lunes, 12 de junio de 2017

Me ha parecido verte



Torrevieja, verano 2016

Me ha parecido verte.
Hoy.
Por suerte no eras tú
o por desgracia,
yo qué sé.

El problema es que 
no te he visto.
Bueno, el problema
sería verte.
O que me vieras.
Que nos viéramos, 
en definitiva.

Seguro que tú 
me has visto pasar
algún día. 
¿Sola?
¿Acompañada?
¡Qué más dará!

Me pregunto si me habrás confundido.
Con otra, claro.
Si te habrás girado para
evitar mi mirada, 
o si por lo contrario
has clavado tus ojos en esa
que no era yo,
esperando mi mirada. 

Bueno, qué más dará.

lunes, 6 de marzo de 2017

Lo que no se comparte, ¿existe?

Fotografía de Yolanda Gibaja

Un lunes me desperté y supe que todo había terminado. Los paseos, las charlas, las tardes de cine, las noches de baile, las cenas improvisadas, las risas. Todo terminó y nadie se enteró por nuestra culpa. O gracias a nosotros, no lo sé. Todavía hoy, lo desconozco.

No recuerdo ninguna foto en la que salgamos juntos. De hecho cuando quedábamos, no tocábamos el móvil y durante algunas horas, dejábamos de estar conectados. Mis amigas no sabían que los domingos él me llevaba al cine, y que los viernes yo le llevaba a bailar. Ni siquiera saben que sé bailar. Sus amigos tampoco supieron que los martes, mientras jugaban al baloncesto, él me mandaba decenas de mensajes contándome lo mucho que me echaba de menos. Yo hacía lo mismo los jueves cuando salía con las compañeras de clase y le enviaba fragmentos de las canciones que me recordaban a él, a mí y a lo nuestro. 

Estábamos conectados. Todo el rato. Excepto cuando dormíamos juntos. Aquello era paz, solo paz. Su pecho mi lugar favorito y mis manos su refugio. No necesitábamos sacar una foto y subirla a las redes. Ni tuitear sobre el restaurante al que le llevé para celebrar nuestro primer aniversario. Ni nos dedicábamos frases filosóficas en el tablón de facebook.

Juro que él existe.
Juro que yo existo.
Y juro que lo nuestro existió. 
¿Desconexión o conexión?
¿Lo que no se comparte existe?


lunes, 16 de enero de 2017

Complicidad


Complicidad es lo que buscamos y no encontramos.
Como las casualidades planeadas.
Como las sorpresas pilladas.
No salen bien.
Nunca.

Complicidad es lo que de pronto aparece donde menos te lo esperas.
Como aquel calcetín que se quedó sin pareja el invierno pasado.
Como aquella foto arrugada en el fondo del cajón prohibido.
Aparecen sin ser esperados.
Siempre.

Y te vuelven loca.
Y te entran ganas de reír.
De saltar.
De seguir soñando.

Complicidad es algo tan efímero como el paso de una estrella fugaz.
De pronto viene y de pronto se va.
Y te vuelven loca.
Y te entran ganas de llorar.
De gritar.
De seguir soñando.

Complicidad.
Cuánta falta haces cuando te vas sin avisar.
De la noche a la mañana,
haces que nos sintamos vacías,
desconocidas.

Y nos vuelves locas.
Y te entran ganas de llorar,
de reír.
Y de soñar con los momentos en los que solo bastaba eso:
complicidad.



Fotógrafa: Yolanda Martínez
 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Será cuestión de veranos X.

-¿Qué razón?
-Zaida me prometío, y algún trabajador de este bar sabrá de lo que hablo, que ella estaría aquí esperándote en el caso de que llegaras a esta este último punto del infinito.
-Eso me lo has dicho hace dos minutos, ¡no soy tonto! Tú también escondes algo, estoy totalmente seguro. Me ha quedado clarísimo que Zaida me citaría aquí en el caso de que yo recorriera todos los putos bares, pero no ha ocurrido ni una cosa ni la otra.

De pronto vi que la camarera me estaba haciendo señales incomprensibles.

-Acércate Luca tendrá algo interesante que contarte.

Está bien.

-Ya es suficiente, ¿no crees? - me preguntó en tono violento-. Estás haciendo el puto ridículo, tío.

¡Qué demonios! 

-¿A qué hostias te refieres? ¡No me conoces de nada! ¿O sí? - le grité insistente-. ¡Dime!

-Te conozco y no poco. Sé quién eres tú y se quién es aquella señora. Solo falta Zaida para que estemos todos pero creo que si no ha aparecido ya...
-Si no ha aparecido ya...¿Qué?- le vacilé-. ¡Que me lo digas!
-Relájate tío, ya nada va a empeorar. La has liado pero bien, nos has roto todos los esquemas.

Mi mente no procesaba más información. Lo único que necesitaba era abrazar a Zaida y llevarla conmigo a casa. Nada más.

Ojalá. 

Volví a la realidad y me di cuenta de que la expresión de la cara de la mujer que me mira fijamente había cambiado.

Compasión. Eso es lo que su rostro transmite.

-Sentémonos, Luca.

Mi nombre suenta tan raro en voces desconocidas...

-Quiero irme, no agunto más. Si Zaida no va a venir yo me voy. -admití entre lágrimas-. No puedo más.
-Espera Luca, solo serán unos minutos más. Lo que te ha dicho esta señora es verdad. Desde el principio hasta el fin. Tú has cambiado el curso de las cosas y eso ha hecho que Zaida haya decidido no venir.
-¿Has hablado con ella? -pregunté aliviado-.
-Sí. Está bloqueada, no sabe cómo salir de esta especie de laberinto que ha formado para ti.
-¿Por qué me hace esto?
-Solo sé que te quiere, que las palabras que has leído en la carta que te he entregado son falsas.

Mi corazón se paralizó. Las manos comenzaron a temblarme y no me salía la voz. 

-Luca tranquilízate porque lo vuestro se va a arreglar -me aseguró-. Lo sé con certeza.

¿Hay algo que arreglar? 

-Voy a conseguir que Zaida venga aunque me cueste.
-No hace falta estoy aquí.

¡Es Zaida! ¡Zaida está a dos metros de mí! Ahora es mi cuerpo el que se ha paralizado y mi corazón, ya recuperado, no deja de palpitar cada vez más rápido, incluso me causa dolor. 

-Luca, ¿estás bien? - me preguntó-. ¡Luca! ¡Luca!

Desde aquel momento no consigo recordar nada, solo sé lo que me va contando Zaida mientras me hace compañía en la habitación del hospital.

Será cuestión de veranos IX.

-Pero...¿Qué haces tú aquí? -pregunté aliviado-. No te esperaba.
-Luca cariño...Estás temblando. -me susurró al oído mientras me abrazaba-. Vengo para que termine todo esto de una vez. No mereces sufrir más y yo soy partícipe de todo esto. Has leído la segunda carta, ¿y por eso has reaccionado de esta forma?
-Claro. No he podido soportarlo. ¡No entiendo nada! ¡Estoy harto!

Ella me agarró del hombro y con solo una mirada entendí que debía recoger todo lo que había tirado.

-Sentémonos aquí mismo Luca.

Está bien.

-Y escucha atentamente.

Está bien.

-Zaida lo tenía todo planeado, ¿sabes? Ella diseñó dos rutas para ti: la corta con carta de amor y la larga con carta de desamor.

¡Qué mierdas es esto! 

-La corta, como te comenté, consistía en que yo te diera ciertas pistas para que dejaras de buscarla o me preguntaras por ella. Vamos, que de alguna manera tú mismo me hicieras ver que eres Luca, aunque yo ya lo supiera.

Suspiré.

-Yo sabía quién eras desde que cruzaste la puerta de mi local pero Zaida me exigió que te diera la carta cuando tú me preguntaras por ella. O cuando realmente te viera muy afectado. ¿Recuerdas cuándo te la di?

Asentí.

-Te comenté que no tenías brillo en los ojos y fue por eso que te di la carta.
-Ya no tenía esperanzas de buscarla -aseguré-.
-Por eso era el mejor momento.
-A ver si lo entiendo...-tomé aire durante unos segundos-, se supone que Zaida te pidió que me dieras la carta cuando yo te preguntara por ella, estuviera muy mal o hiciera alguna señal de que la estaba buscando.

Asintió.

-Y se supone también que ella en esa carta me pedía que no buscara más y que la olvidara. Se supone que..
-Se supone, se supone, se supone... - dijo con tono de burla-. Sí, se supone que ella nos pidió a los dos que siguiéramos sus palabras pero no lo hicimos.
-¿Entonces por qué me animaste a seguir buscando si sabías que Zaida me pidió lo contrario? ¡Incluso a ti te lo pidió! - grité-. Te dijo que trataras de conseguir que yo sufriera lo mínimo y en vez de aconsejarme lo mejor para mí me incitas al dolor, a la búsqueda, a Zaida...¡Joder!
-Luca escúchame por favor. Si yo te animé a que lo hicieras fue porque creía en Zaida. Y en ti. Y en lo vuestro. ¡Creí en vuestra historia!

Suspiré más hondo que las anteriores veces y ella me acarició la mejilla.

-La dirección que te di te llevó directamente donde Zaida.
-¡Mentira! Zaida no estaba allí. Comencé a tocar la puerta, después empecé a golpearla e incluso a patearla. Salió un chico a la ventana y me dijo que me fuera.
-Entonces fue él quien te dio las instrucciones para llegar hasta aquí, ¿no? - preguntó con una expresión rara en su arrugado rostro-.
-No, no. Alguien pasó un papel por debajo de la puerta mientras el chico seguía en la ventana.  
-Eso no entraba en los planes - me aseguró frunciendo el ceño-.
-¿A qué te refieres? 
-Zaida me contó que si cogías el camino largo y por lo tanto pasabas por todos los bares cuando te encontraras en aquel punto...- tomó aire antes de seguir-, ella misma te pidiría que te marcharas de allí. Y lo más importante: te citaría donde ahora mismo estamos.
-¿Y?- fue lo único que se me ocurrió preguntar-. Yo en realidad no he realizado el camino largo al completo porque no he pasado por todos los puntos del maldito casi-infinito. 
-¡Claro! Ella debe saber todo esto. 
-¿Y por qué Zaida ha cambiado a última hora de planes? - pregunté estrañado-. 
-Luca cariño, -me tomó de la mano- porque tú también cambiaste de planes a última hora. Ella, de alguna forma que desconocemos, sabe que leíste la carta que yo te entregué y que a pesar de ello continuaste el camino hasta aquí. 
-Exacto...Zaida pensaría que yo solo tomaría un camino y que solo leería una carta. 
-Ella se habrá bloqueado al saber que has averiguado ambos caminos, ambas cartas. Cuando me contó todo el plan en ningún momento mencionamos la posibilidad de que leyeras las dos cartas. 
-Pero..¿Cómo puede saber Zaida todo esto? ¿En qué quedastéis? 
-No tengo ni idea, Luca. Quedamos en que si recurrías a mí yo te entregaría la carta y cuidaría de ti, pero que nunca te explicaría nada de esto. Ya te digo que en ningún momento pensamos en que tú siguieras buscándola. Pero fue ver tus ojos y no poder evitar animarte a seguir. 
-¿Por qué lo hiciste? No puede ser solo porque creyeras en nuestra historia de amor. No me lo creo - le advertí mirándola fijamente a los ojos-. No me lo creo. 
-En realidad hay otra razón.

Los dos suspiramos a la vez. 

 

lunes, 26 de octubre de 2015

Será cuestión de veranos VIII.


-Mira Luca yo le prometí a Zaida que te apoyaría y te cuidaría. Ella me pidió que te protegiera y que te quitara la idea de seguir buscándola, pero no puedo hacerlo. Tengo setenta años y aquí me ves trabajando y sola. No he tenido la oportunidad de luchar por mis sueños. Ni siquiera los tengo. Tú eres joven, tienes fuerza para superar cualquier obstáculo, y yo te animo a que sigas recorriendo ese infinito.
-Casi-infinito - le corregí-. ¿Por qué me dice esto ahora? Se supone que Zaida me ha prohibido seguir buscándola. No quiere que la encuentre. Y hay algo de peligro en esta historia que me asusta.
-Lo que te tiene que asustar es quedarte así, sin respuestas. Yo sé dónde puede estar, ella me habló de un sitio al que tenía que ir a menudo y justamente se encuentra en el trocito de mapa vacío. ¿Me entiendes?
-Quiero ir. Necesito ir a por ella y sacarla de donde esté metida, pero tengo miedo - admití llorando-. Tengo mucho miedo porque no sé qué me voy a encontrar.
-Es normal Luca. Yo también sentiría miedo pero será peor vivir siempre con la carga de no haber luchado por ella hasta el final.

Voy a buscarla. Está decidido. Cueste lo que cueste, la encontraré.

-Dígame dónde cree que está, por favor. Le prometo que volveré hoy mismo.
-Espero que sea con ella, Luca.

La señora desapareció y volvió con una servilleta donde estaba escrita la dirección. Lo copié en la aplicación del teléfono móvil y en unos minutos me encontraba allí: nervioso, cansado, agobiado y algo entusiasmado.Vivir tan al límite hacía que cada segundo que pasaba lo exprimiera al máximo.

De pronto me di cuenta de que la fachada donde me encontraba me resultaba familiar.

Puerta antigua de madera bañada en rojo, número ocho y una inscripción tallada en piedra: Será cuestión de veranos. Doy unos pasos hacia atrás, lo observo con detalle y caigo en que la imagen que estoy viendo es la misma que veía cada amanecer con Zaida, en mi habitación. ¡Me regaló un cuadro gigante con esta misma imagen! Me podría equivocar de puerta o número pero no de frase. Siempre me pregunté el por qué de esa inscripción pero nunca me lo dijo. 

Comencé a tocar la puerta y nadie contestaba. Mis nervios hicieron que siguiera golpeando la puerta cada vez un poco más fuerte. Me dolían las manos, los nudillos estaban a punto de sangrar pero no podía parar. Mis pies también se unieron a aquella lucha entre la puerta y yo y conseguí que se moviera pero no lo suficiente como para tirarla abajo.

-¿Qué quieres? - me preguntó un hombre desde la ventana-.

No sabía qué decir. Estaba paralizado, no me salían las palabras.

-¿No oyes? - gritó-. ¿Qué cojones quieres?
-Yo...Yo solo quiero entrar. Estoy buscando a alguien que creo que vive aquí.
-Esto no es una vivienda chaval. ¡Serás gilipollas! Anda largo de aquí.
-No, no. ¡Espera por favor! Estoy buscando a Zaida.
-¡Será mejor que te marches, tío! Hazme caso y vete. - me advirtió bajando el tono-.
-Sé que está aquí. ¡Zaida! ¡Zaida! - comencé a gritar sin parar-. ¡Sé que estás aquí! ¡Sal! ¡Sal!

De pronto vi cómo la puerta se movía ligeramente y me callé. Pero nadie la abrió y aquel hombre seguía observándome desde la ventana. Él también parecía nervioso.

-Vete tío, en serio. ¡Vete! Yo no te puede ayudar, solo te digo que te vayas. Como llegue...Joder. ¡Vete!

¿Como llegue quién? 

-Eres tú quien la tiene retenida, ¿verdad? ¡Eres un hijo de puta! ¡Cabrón!

Mientras yo seguía con mi repertorio de insultos y sacando toda la rabia contenida de días pasados, algo apareció por debajo de la puerta.

¡Es una nota! ¡Es una servilleta! 

Dirígete al bar al que corresponde esta servilleta y márchate por favor.

Aquella letra no era de Zaida pero tampoco del hombre de la ventana porque seguía de pie, mirándome fijamente.

¿Quién me ha escrito esta mierda? Puede que sea otra pista más que me acerque a Zaida. Quizá sea el punto donde ella no quiso que yo estuviera pero ya nada importa. Debo ir.

Volví a meter la nueva dirección en el teléfono móvil, y aunque tardé más tiempo del que me imaginaba, en menos de treinta minutos me encontraba allí.

-Buenas, ¿qué quieres tomar? - me preguntó la camarera-.
-Hola, en realidad no vengo a tomarme nada. Me han mandado venir aquí para seguir buscando a Zaida.
-¿Has dicho...Zaida? Supongo que tú eres...-su cara de compasión avecinaba el desastre-. Tengo algo para ti, Luca. ¿Porque eres Luca, no?
-Sí, sí. Yo soy Luca, el novio de Zaida. O ex novio. ¿Qué tienes para mí?
-Una carta. Léela con tranquilidad, puedes sentarte en aquella mesa.

¿Otra carta? ¡Qué tipo de broma es esta! Se supone que Zaida hizo todo tipo de planes para que yo no llegara hasta aquí y me encuentro con que aquí también hay un escrito para mí. ¿Me ha mentido en la primera carta? ¿Y si se está riendo de mí? 

Querido Luca:

Siento que hayas llegado hasta aquí con esperanzas de encontrarme o saber dónde estoy esperando a que llegues. Te equivocas y mucho; nunca he querido que me buscaras y mucho menos que me encontraras. Te dejé y con ello todo lo que vivimos se esfumó. 

Yo ya te he olvidado. Te conozco y sé que te estarás preguntando por qué te escribo esto si he decidido dejarte. Pues verás...Reconozco que te has comportado muy bien conmigo y sé que todavía me amas. Necesitas saber que lo que hemos vivido ha sido una bonita historia de amor, como las de verano, pero en invierno. 

Algún día me olvidarás y encontrarás a alguien, yo ya lo he hecho y por eso te dejo. No sé si me perdonarás que te haya hecho perder tanto el tiempo pero quería cerrar nuestro capítulo de una forma especial. 

Que te vaya bien Luca.

Al terminar de leer la carta sentí como si una fuerza y energía desgarradora se apoderara de mí. Tiré la mesa y los taburetes de la barra al suelo, rompí el cuadro que adornaba una de las paredes y empujé a los clientes para que me dejaran de agarrar.

Me encontraba fuera de control. Solo sentía ganas de romper cosas igual que Zaida me acababa de romper a mí. No podía pensar con claridad, hasta que apareció ella en aquel bar.

-Luca cariño tranquilízate. Hazlo por mí. - me suplicó-. Te lo explicaré.


Será cuestión de veranos VII.


La señora me invitó a entrar a un cuartillo que estaba lleno de cajas y bolsas de basura. Estaba asustado y asombrado. 

¿Por qué me está esperando? ¿Tendrá algo que ver con Zaida?

-Espera aquí unos segundos, ahora vuelvo.- me dijo sonriendo-. Tranquilo.
-Está bien, pero...

No me dejó terminar la frase. Cruzó la puerta y volvió a la barra supongo que a seguir sirviendo cafés.

¡Joder! ¿Cuándo cojones piensa volver?

Como si hubiera escuchado mis pensamientos entró en el cuartillo y me indicó que me sentara en una de aquellas cajas vacías. 

-Sé quién eres, ella me lo contó y me dio algo para ti. No he querido abrirlo, toma.
-¿Esto es de Zaida? - pregunté entre asustado y feliz-. Dime que sí, por favor.
-Sí. Te dejo que lo leas tranquilamente.

¡Una carta de Zaida! No puedo ser más feliz...

Para Luca:
Esta carta es la que nunca quise escribir. La que nunca quise que tú leyeras pero sé que servirá para que comprendas lo que nos está ocurriendo. ¿Sabes? Las servilletas que te regalé durante veinte lunes tienen sentido, todo lo tiene. Apuesto a que te has dado cuenta de que el recorrido de un bar a otro forman un infinito. ¿O creías que era un ocho? En realidad no llega ni llegará nunca a ser un infinito porque le falta un punto, un sitio al que no quiero que vayas. He hecho todo lo posible para que no llegaras a visitar todos los locales. 

¿Te han guiñado el ojo muchas personas? 

¿Has entrado en un bar repleto de caras de mujer? 

Todo estaba planeado, cariño. Todo estaba organizado para que no me buscaras, porque jamás me vas a encontrar. Ni quiero que lo hagas.

No sé cuántas veces habrás vuelto al bar donde te encuentras en estos momentos. La mujer es adorable, le encargué la misión de hacerte sufrir lo mínimo. Supongo que te habrá saludado amablemente, que te habrá reconocido las veces que hayas vuelto. Yo se lo pedí. Sabía que este sitio te encantaría y que volverías cada vez que no vieras salida a este laberinto de mierda donde te he metido. No sé y nunca sabré si ella te ha entregado la carta harta de verte regresar sin mí o porque tú le has preguntado por mí. 

Sin embargo sé que habrás ido por las calles enseñando imágenes mías, que habrás llorado de rabia y que habrás sentido miedo. Yo también, cariño. Yo también.

Por suerte todo ha terminado. No tienes que seguir recorriendo bares, ni enseñando fotos, ni bebiendo cafés en locales raros. Raros como yo. ¡Hasta las despedidas las hago raras! Sé que algún día me entenderás, aunque también sé que difícilmente me perdonarás. 

Tienes que hacerme caso: deja de buscarme. Te quiero y siempre lo haré pero por el bien de ambos tienes que dejarlo ya. Vuelve a tu vida, a tus clases; conoce gente nueva y olvídate de mí, amor. 

Mereces alguien que te haga feliz, que esté siempre a tu lado. Yo no puedo. Ya no. Hazme caso por favor, cuando termines de leer mis palabras vete, quema la carta y con ella nuestros recuerdos. Puede ser muy peligroso que sigas recorriendo el casi-infinito y más aún que lo completes. No lo hagas por favor.

Te quiero y te querré, Zaida.

¡Pero qué mierda es esta! 

Leí diez veces más la carta esperando que las palabras hubiesen cambiado. Pero no. Lo que Zaida me escribió estaba muy claro: se ha ido para no volver. Y con ella también se ha ido gran parte de mí, por no decir todo mi ser. Ella creía que las personas teníamos cuerpo y alma, y yo solo soy cuerpo.

Cuando conseguí parar de llorar comencé a sentir rabia; salté encima de las bolsas de basura y tiré las cajas al suelo. El cuartillo parecía mejor así, ambos nos encontrábamos destrozados.

-Luca cariño, ¿estás bien? - me preguntó la señora.
-¡Sabe mi nombre! Usted lo sabía todo y me ha dejado ir de bar en bar como un gilipollas. Zaida le pidió que yo no sufriera, ¿lo entiende?
-Luca...Tú ibas a sufrir de todas las maneras. Zaida me encargó que sufrieras lo menos posible y aquí estamos. Ella quería que te diera la carta cuando tú me preguntaras por ella y yo te la he dado antes de que eso ocurriera. Te la he dado hoy, cuando he visto que tus ojos ya no tienen brillo. Y cuando he visto que ibas a tirar la toalla.
-¡Esto es una mierda! ¡Todo es una mierda!-grité-. Pero usted no tiene la culpa, perdóneme. No entiendo nada. He leído la carta, una y otra vez, y nada. No entiendo qué cosa tan grave puede ocurrir para que ella me deje de esta manera. ¡Zaida lo tenía todo planeado!


jueves, 15 de octubre de 2015

Será cuestión de veranos VI.

El segundo día de búsqueda lo emprendí con más ganas e ilusión aunque intuía el cansancio que me esperaba (sin recibir nada a cambio). Sin embargo las horas sin Zaida me hicieron coger fuerza y apostar por encontrarla.
 -Hola jovencito, ¿lo mismo de ayer? - me preguntó la agradable señora del primer bar, de la     primera servilleta-.
 -Buenos días señora – contesté- si por favor.

 ¡Joder me ha reconocido!
 -Aquí tiene: café y galletita.
 -Muchas gracias, quédese con el cambio.

No sé muy bien por qué mis pies se dirigieron otra vez allí pero me alegro de que lo hicieran. Mientras meneaba la cucharilla de plástico en el vaso (del mismo material) recordé a Zaida y nuestros despertares.

 -Buen día grandullón – me decía con voz aniñada-. ¿Has dormido bien?
 -No me llames grandullón – le respondía intentado ser lo más borde posible-. He dormido muy     bien, me encanta que tus pelos me hagan cosquillas en los labios, y que...
-¿Y qué, eh? - decía con chulería fingida-. ¡Cállate!

Y los dos reíamos sin parar. Todo era tan perfecto a su lado que me cuesta recordar la primera, y   creo que única, discusión que tuvimos antes de que se marchara. Me quedé mirando por la ventana esperando. Esperando que volviera, esperando que me pidiera perdón, esperando cualquier cosa.   Pero no vino. Ahora que lo pienso, ¿cómo se me ocurrió decirle que no me casaría con ella? ¿Cómo se me ocurrió advertirle que nunca tendríamos hijos? Debería haber pensado que ser tan sincero con ella podría parecerle cruel. Cruel o no, no pienso casarme ni tener hijos y discutir sobre ellos a nuestra edad me parecía más locura que cualquier cosa. Sin embargo me dio pena, y todavía me da, que Zaida creyera que tenía miedo al compromiso, que solo la veía como a “medio plazo” y errores del estilo. Jamás entenderé su faceta tradicional...

La bocina de un coche hizo que saliera de mis pensamientos y me recordó que debía seguir recorriendo el ocho de Zaida. Seguí atentamente las indicaciones de mi teléfono móvil y en unos minutos llegué al bar “Trato”; lo que me encontré no me gustó nada. ¡Un retrato de Zaida colgado en la pared!

-Perdona, ¿conoces a la chica de ahí?- le pregunté al joven camarero mientras señalaba el
cuadro de Zaida-.
-Buenos días a ti también, tío – me contestó el muy maleducado-.
-Buenos días...Sí. Decía que si conoces a la chica que sale en ese retrato.
El camarero levantó la ceja izquierda y le pedí un batido de fresa para ver si consumiendo
algo, me respondía.
-Sí, me suena. Vendría algún día aquí y Javi la retrataría. ¿Tú la conoces?

¿Javi? ¿Quién es Javi? ¿Que si la conozco?

-Me suena la cara – mentí-. ¿Qué día se hacen los retratos?
-Normalmente los domingos pero olvídate. Javi solo retrata a chicas guapas – me advirtió-.

Cogí el batido, dejé dos euros en la barra y salí a la terraza. Aquel bar me produjo escalofríos nada más entrar. Me incomodó estar rodeado de fotografías, cuadros y retratos de mujeres. Casi no se veía la pared. Todo era muy extraño. Además no esperaba encontrarme una pista tan fidedigna...Empecé a sentir miedo por mí, y también por Zaida.

¿Realmente Zaida ha planeado todo esto?
¿Y si le ha ocurrido algo inesperado y por ello no ha podido terminar el maldito ocho?

A falta de respuestas no me quedaba nada más que seguir buscando. Los dos siguientes bares no me sirvieron para la investigación pues me parecieron locales de barrio de lo más comunes, con camareros y clientes de lo más comunes (nadie reconoció la fotografía de Zaida). Seguramente se me escaparía algún que otro elemento destacable pero después de haber entrado en aquel horrible lugar con caras de mujeres por todos los lados, todo me parecía bien, normal y muy poco sospechoso.

Me siento frustrado. Tengo algo de miedo. No sé si tiene sentido seguir pateando este barrio.

Toqué mis bolsillos, por manía, y encontré la galleta envuelta en la servilleta que me era tan conocida. Decidí volver allí.

-Un café por favor.

-Te estaba esperando – me dijo sonriendo-. Ya sabía yo que ibas a volver. 

jueves, 26 de junio de 2014

Costumbres.


Más de doscientos días y seis mil horas a su lado. Las paredes que nos "separaban" hicieron que acostumbrarme a su presencia fuese tan fácil como obligatorio. No hacía falta poner ningún despertador, el pitido de la cafetera siempre sonaba a la misma hora, y era el tiempo justo para ducharme y desayunar antes de ir a trabajar. Tampoco hacía falta comprar pan, papel higiénico o bombillas. Nunca se fundían las bombillas y tampoco recuerdo haberme quedado sin papel. ¿Extraño no? Llegó el invierno y con ello la manta que nos regaló su abuela: gordita, suave pero fea. Muy fea. Me horrorizaba tener que ocultar mis preciosas sábanas rosa palo o verde esmeralda (cada sábado las cambiaba) por aquel cobertor antiestético. "Solo son unos meses" pensaba para mis adentros. Y por suerte, la primavera llegó antes de lo que esperábamos ya que en enero no tuvimos que discutir por los grados de la calefacción porque no hacía frío. Así, un sábado mientras cambiamos las sábanas rosas por las verdes, me llevé la manta al sótano. En febrero nuestra casita parecía un pañuelo de papel gigante, habría entre diez y veinte pañuelos por metro cuadrado. Vale estoy exagerando, pero aunque nunca vi la basura llena de pañuelos, sé que la sacaba diariamente, antes de que la cafetera me despertase. Contado así, nuestra vida de recién casados no parece muy apasionante, pero para nosotros lo era. Todos los días me acostaba a su lado, y mientras quisiese seguir haciendo lo mismo noche tras noche, significaba que nos amábamos. 

No le gustaba salirse de la rutina, y a mí en cambio, me encantaba ver su cara descompuesta cuando compraba para cenar pasta en vez de pescado (todas las noches tocaba salmón, chicharro, sardinas o panga). Era tan gracioso...Nunca he conocido a una persona tan controladora, y menos mal. Lo que al principio me gustaba, acabó por cansarme. No soportaba que se fuera a la cama odiándome porque prefería terminar de ver la película que habíamos empezado. "Son casi las dos de la mañana y tienes que levantarte dentro de seis horas" me decía. Tampoco aguantaba que sus broncas por no guardar mis zapatos en el cajón izquierdo, y haberlo hecho en el derecho. En vez de una casa de un feliz (y joven) matrimonio, parecía un puto internado y me estaba acojonado.

¿Realmente es esto la convivencia? ¿El matrimonio? ¿Dónde están las sonrisas en medio de los besos? ¿Dónde están las ganas de hacer el amor? Alguien se lo ha llevado todo, y ya no queda nada en esta casa. Dos personas mirándose fijamente. Armarios llenos de ropa ordenados por tejidos y colores. Sartenes en el cajón superior y cazuelas en el de abajo. La obligación de cenar pescado todas las dichosas noches. La más que planeada "escapada" al monte los domingos impares. 

A finales de junio pude ver que llegó el momento. Se fue y no supe qué decir. El silencio nunca había sido tan silencioso en los segundos que tardó en abrir la puerta, salir y cerrarla. Respiré por fin, mi cuerpo lo necesitaba. El amor acostumbrado no basta.