Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de abril de 2017

Como una loca

Cuando lo que callas es más valioso que lo que hablas, 
cuando escuchas porque más palabras ya no sacas.
Lo que a ti te importa ya a nadie le impresiona, 
y tú solo quedas como una loca.

Loca por decir, 
pensar y luego mentir.
Loca por gritar, 
soñar y luego llorar.
Loca, loca.

Loca por tocar,
disfrutar y admirar.
Loca por gemir,
sentir y vivir.
Loca, loca.

Cuando lo que sientes es más peligroso que lo que haces,
cuando paras porque más riesgos no debes tomar.
Lo que a ti te importa ya a nadie le impresiona 
y tú solo quedas como una loca.

lunes, 27 de febrero de 2017

La izquierda como punto de partida





El 26 de junio fue un día decisivo para Isabel G., Pilar B. y Leizuri E. . Como todos los domingos quedaron para desayunar en una cafetería sin saber que aquel día iba a ser especial. Pilar y Leizuri, hija y nieta de  Isabel respectivamente, desconocían lo que ella les iba a contar. "Les dije que no iba a votar y que no intentaran convencerme", recuerda la señora mientras vierte la sacarina en el café. "Yo le pregunté si estaba loca", admite su nieta con el rostro serio. Pilar con intención de calmar los ánimos explica que su madre siempre ha sido una persona "muy comprometida" con la política y que les cayó como un "jarro de agua fría" que tomara la decisión de "desaprovechar" su derecho a voto.

Mientras toman café y prueban la nueva tarta de queso del establecimiento, Isabel comienza a explicar las razones por las que decidió, a sus 80 años, no dar su voto a ningún partido político: "Engañada y enfadada no tuve valor de ir a votar a mi partido". Avergonzada por el pacto que el PSOE firmó con Ciudadanos se "negó en rotundo" a darles una segunda oportunidad. "No miraron al pueblo. Me dio la sensación de que lo
único importante era alcanzar el poder y eso no me gusta", añade Isabel. "Toda la vida luchando por unos valores y principios dignos y se venden por un estrechón de manos", sentencia la señora cruzándose de brazos. 

"Yo sí que fui", interrumpe Leizuri. "Contenta y feliz". Su madre y su abuela le inculcaron desde bien pequeña algunos conocimientos básicos sobre el funcionamiento de la política del país y ella, a sus 27 años, metió la papeleta de Unidos Podemos en el sobre. "Es obvio que es la única formación con opciones de ganar al Partido Popular", explica con soltura. "Los cambios se están produciendo más despacio de lo que esperaba pero estoy segura de que llegaremos al poder y cambiaremos este país, de arriba a abajo".

Leizuri es la ilusión y la positividad personificada. Su abuela Isabel lo ve todo "más negro" y aunque tiene mucha confianza en las nuevas formaciones cree que se están "patinando". Pilar, se encuentra en un punto muerto pero fiel a sus principios sigue apostando por Izquierda Unida: "Es el único partido verdaderamente feminista, ecologista y republicano que hay en España", recuerda. "Sé que la situación está bloqueada y que no llegará a ser el próximo partido del Gobierno pero les seguiré votando porque necesito que estén ocupando sillones para dar voz a quienes no la tienen". Pilar admira la coherencia y honestidad con la que se caracteriza Alberto Garzón. 

"Cuando yo era más joven que mi nieta, a mí no me paraba ni mi padre ni mi marido", recuerda Isabel con orgullo. "Ahora ya soy vieja y tengo que dejar paso a las demás. Mira mi hija, fiel a sus ideales y mi nieta es como un huracán", dice mientras se ríe. Pilar explica que vivió con mucho miedo las reuniones secretas a las que acudía en Vitoria-Gasteiz junto a más jóvenes en los ochenta: "Lo hacíamos todo en absoluta discreción porque no queríamos correr riesgos". En aquellos encuentros ideaban planes como manifestaciones y concentraciones para protestar "casi por cualquier cosa". Se sentía "viva, poderosa y feliz". Aquellos años fueron decisivos para la formación de Izquierda Unida que se legalizó en noviembre de 1992: "Leizuri tenía solo cuatro añitos pero mi marido y yo decidimos festejarlo en un bar del barrio junto a nuestras amistades y recuerdo aquel día como uno de los más felices de mi vida".

Leizuri, que no recuerda aquellos acontecimientos, se suma a la conversación presumiendo que ella ha vivido el "resurgimiento" de nuevas ideas. "Lo que estamos viviendo es la hostia, por fin tenemos una cara B al plan que tienen los de traje y corbata", le dice a su abuela esperando una respuesta. "No hace falta tener el pelo largo e ir con una camisa arrugada para parecer menos político", le espeta. Otro debate. Otra pequeña tensión. Pilar suspira, acostumbrada a las pequeñas riñas entre la más joven y la más mayor del clan.
Con el café ya frío y la tarta de queso casi intacta, terminan la conversación entre risas y miradas cómplices, sin que el PSOE sepa que ha perdido una fiel votante, sin que Alberto Garzón conozca a su fan incondicional y sin que Unidos Podemos esté capitaneado por Leizuri. “De momento”, adelanta su orgullosa abuela.

lunes, 13 de febrero de 2017

¿Quién dijo miedo?


Yo. Yo dije miedo y lo sigo diciendo.
Y sintiendo.

El miedo es ese compañero de viaje inseparable y a la vez prescindible. ¡Vaya paradoja!

Miedo a la oscuridad.
Miedo a quedarme sola.
Miedo al fracaso.
A la decepción.
Al engaño.

Miedo, en definitiva.

Desconozco si algún día dejará de temblarme la voz al hablar frente a cuarenta personas.

No sé si algún día dejarán de temblarme las piernas antes de un examen.

Lo desconozco y me da miedo. Sí, miedo.

No sé si podré desprenderme de él pero estoy segura de que aprenderé a convivir a su lado.

Juntos, de la mano.
Como los lunares que adornan mi piel.
Como alguna cana que se esconde entre mis rizos.

Lo conseguiré. Estoy segura.

El miedo no es malo, solo quiere que nos esforcemos en cada uno de los pasos que damos. En cada suspiro. Debemos sacar lo mejor de nosotras mismas.

El miedo no quiere que nos conformemos. Ni que nos relajemos.

Hagámosle caso: ponte miedos y quítatelos. Mientras vayas superándolos sentirás eso que algunos llaman SATISFACCIÓN.

Y así es como yo quiero despedirme hoy, satisfecha de hacer públicas estas líneas y vencer el miedo a reconocer que tengo miedo.

Sí, miedo.

lunes, 26 de octubre de 2015

Será cuestión de veranos VIII.


-Mira Luca yo le prometí a Zaida que te apoyaría y te cuidaría. Ella me pidió que te protegiera y que te quitara la idea de seguir buscándola, pero no puedo hacerlo. Tengo setenta años y aquí me ves trabajando y sola. No he tenido la oportunidad de luchar por mis sueños. Ni siquiera los tengo. Tú eres joven, tienes fuerza para superar cualquier obstáculo, y yo te animo a que sigas recorriendo ese infinito.
-Casi-infinito - le corregí-. ¿Por qué me dice esto ahora? Se supone que Zaida me ha prohibido seguir buscándola. No quiere que la encuentre. Y hay algo de peligro en esta historia que me asusta.
-Lo que te tiene que asustar es quedarte así, sin respuestas. Yo sé dónde puede estar, ella me habló de un sitio al que tenía que ir a menudo y justamente se encuentra en el trocito de mapa vacío. ¿Me entiendes?
-Quiero ir. Necesito ir a por ella y sacarla de donde esté metida, pero tengo miedo - admití llorando-. Tengo mucho miedo porque no sé qué me voy a encontrar.
-Es normal Luca. Yo también sentiría miedo pero será peor vivir siempre con la carga de no haber luchado por ella hasta el final.

Voy a buscarla. Está decidido. Cueste lo que cueste, la encontraré.

-Dígame dónde cree que está, por favor. Le prometo que volveré hoy mismo.
-Espero que sea con ella, Luca.

La señora desapareció y volvió con una servilleta donde estaba escrita la dirección. Lo copié en la aplicación del teléfono móvil y en unos minutos me encontraba allí: nervioso, cansado, agobiado y algo entusiasmado.Vivir tan al límite hacía que cada segundo que pasaba lo exprimiera al máximo.

De pronto me di cuenta de que la fachada donde me encontraba me resultaba familiar.

Puerta antigua de madera bañada en rojo, número ocho y una inscripción tallada en piedra: Será cuestión de veranos. Doy unos pasos hacia atrás, lo observo con detalle y caigo en que la imagen que estoy viendo es la misma que veía cada amanecer con Zaida, en mi habitación. ¡Me regaló un cuadro gigante con esta misma imagen! Me podría equivocar de puerta o número pero no de frase. Siempre me pregunté el por qué de esa inscripción pero nunca me lo dijo. 

Comencé a tocar la puerta y nadie contestaba. Mis nervios hicieron que siguiera golpeando la puerta cada vez un poco más fuerte. Me dolían las manos, los nudillos estaban a punto de sangrar pero no podía parar. Mis pies también se unieron a aquella lucha entre la puerta y yo y conseguí que se moviera pero no lo suficiente como para tirarla abajo.

-¿Qué quieres? - me preguntó un hombre desde la ventana-.

No sabía qué decir. Estaba paralizado, no me salían las palabras.

-¿No oyes? - gritó-. ¿Qué cojones quieres?
-Yo...Yo solo quiero entrar. Estoy buscando a alguien que creo que vive aquí.
-Esto no es una vivienda chaval. ¡Serás gilipollas! Anda largo de aquí.
-No, no. ¡Espera por favor! Estoy buscando a Zaida.
-¡Será mejor que te marches, tío! Hazme caso y vete. - me advirtió bajando el tono-.
-Sé que está aquí. ¡Zaida! ¡Zaida! - comencé a gritar sin parar-. ¡Sé que estás aquí! ¡Sal! ¡Sal!

De pronto vi cómo la puerta se movía ligeramente y me callé. Pero nadie la abrió y aquel hombre seguía observándome desde la ventana. Él también parecía nervioso.

-Vete tío, en serio. ¡Vete! Yo no te puede ayudar, solo te digo que te vayas. Como llegue...Joder. ¡Vete!

¿Como llegue quién? 

-Eres tú quien la tiene retenida, ¿verdad? ¡Eres un hijo de puta! ¡Cabrón!

Mientras yo seguía con mi repertorio de insultos y sacando toda la rabia contenida de días pasados, algo apareció por debajo de la puerta.

¡Es una nota! ¡Es una servilleta! 

Dirígete al bar al que corresponde esta servilleta y márchate por favor.

Aquella letra no era de Zaida pero tampoco del hombre de la ventana porque seguía de pie, mirándome fijamente.

¿Quién me ha escrito esta mierda? Puede que sea otra pista más que me acerque a Zaida. Quizá sea el punto donde ella no quiso que yo estuviera pero ya nada importa. Debo ir.

Volví a meter la nueva dirección en el teléfono móvil, y aunque tardé más tiempo del que me imaginaba, en menos de treinta minutos me encontraba allí.

-Buenas, ¿qué quieres tomar? - me preguntó la camarera-.
-Hola, en realidad no vengo a tomarme nada. Me han mandado venir aquí para seguir buscando a Zaida.
-¿Has dicho...Zaida? Supongo que tú eres...-su cara de compasión avecinaba el desastre-. Tengo algo para ti, Luca. ¿Porque eres Luca, no?
-Sí, sí. Yo soy Luca, el novio de Zaida. O ex novio. ¿Qué tienes para mí?
-Una carta. Léela con tranquilidad, puedes sentarte en aquella mesa.

¿Otra carta? ¡Qué tipo de broma es esta! Se supone que Zaida hizo todo tipo de planes para que yo no llegara hasta aquí y me encuentro con que aquí también hay un escrito para mí. ¿Me ha mentido en la primera carta? ¿Y si se está riendo de mí? 

Querido Luca:

Siento que hayas llegado hasta aquí con esperanzas de encontrarme o saber dónde estoy esperando a que llegues. Te equivocas y mucho; nunca he querido que me buscaras y mucho menos que me encontraras. Te dejé y con ello todo lo que vivimos se esfumó. 

Yo ya te he olvidado. Te conozco y sé que te estarás preguntando por qué te escribo esto si he decidido dejarte. Pues verás...Reconozco que te has comportado muy bien conmigo y sé que todavía me amas. Necesitas saber que lo que hemos vivido ha sido una bonita historia de amor, como las de verano, pero en invierno. 

Algún día me olvidarás y encontrarás a alguien, yo ya lo he hecho y por eso te dejo. No sé si me perdonarás que te haya hecho perder tanto el tiempo pero quería cerrar nuestro capítulo de una forma especial. 

Que te vaya bien Luca.

Al terminar de leer la carta sentí como si una fuerza y energía desgarradora se apoderara de mí. Tiré la mesa y los taburetes de la barra al suelo, rompí el cuadro que adornaba una de las paredes y empujé a los clientes para que me dejaran de agarrar.

Me encontraba fuera de control. Solo sentía ganas de romper cosas igual que Zaida me acababa de romper a mí. No podía pensar con claridad, hasta que apareció ella en aquel bar.

-Luca cariño tranquilízate. Hazlo por mí. - me suplicó-. Te lo explicaré.


Será cuestión de veranos VII.


La señora me invitó a entrar a un cuartillo que estaba lleno de cajas y bolsas de basura. Estaba asustado y asombrado. 

¿Por qué me está esperando? ¿Tendrá algo que ver con Zaida?

-Espera aquí unos segundos, ahora vuelvo.- me dijo sonriendo-. Tranquilo.
-Está bien, pero...

No me dejó terminar la frase. Cruzó la puerta y volvió a la barra supongo que a seguir sirviendo cafés.

¡Joder! ¿Cuándo cojones piensa volver?

Como si hubiera escuchado mis pensamientos entró en el cuartillo y me indicó que me sentara en una de aquellas cajas vacías. 

-Sé quién eres, ella me lo contó y me dio algo para ti. No he querido abrirlo, toma.
-¿Esto es de Zaida? - pregunté entre asustado y feliz-. Dime que sí, por favor.
-Sí. Te dejo que lo leas tranquilamente.

¡Una carta de Zaida! No puedo ser más feliz...

Para Luca:
Esta carta es la que nunca quise escribir. La que nunca quise que tú leyeras pero sé que servirá para que comprendas lo que nos está ocurriendo. ¿Sabes? Las servilletas que te regalé durante veinte lunes tienen sentido, todo lo tiene. Apuesto a que te has dado cuenta de que el recorrido de un bar a otro forman un infinito. ¿O creías que era un ocho? En realidad no llega ni llegará nunca a ser un infinito porque le falta un punto, un sitio al que no quiero que vayas. He hecho todo lo posible para que no llegaras a visitar todos los locales. 

¿Te han guiñado el ojo muchas personas? 

¿Has entrado en un bar repleto de caras de mujer? 

Todo estaba planeado, cariño. Todo estaba organizado para que no me buscaras, porque jamás me vas a encontrar. Ni quiero que lo hagas.

No sé cuántas veces habrás vuelto al bar donde te encuentras en estos momentos. La mujer es adorable, le encargué la misión de hacerte sufrir lo mínimo. Supongo que te habrá saludado amablemente, que te habrá reconocido las veces que hayas vuelto. Yo se lo pedí. Sabía que este sitio te encantaría y que volverías cada vez que no vieras salida a este laberinto de mierda donde te he metido. No sé y nunca sabré si ella te ha entregado la carta harta de verte regresar sin mí o porque tú le has preguntado por mí. 

Sin embargo sé que habrás ido por las calles enseñando imágenes mías, que habrás llorado de rabia y que habrás sentido miedo. Yo también, cariño. Yo también.

Por suerte todo ha terminado. No tienes que seguir recorriendo bares, ni enseñando fotos, ni bebiendo cafés en locales raros. Raros como yo. ¡Hasta las despedidas las hago raras! Sé que algún día me entenderás, aunque también sé que difícilmente me perdonarás. 

Tienes que hacerme caso: deja de buscarme. Te quiero y siempre lo haré pero por el bien de ambos tienes que dejarlo ya. Vuelve a tu vida, a tus clases; conoce gente nueva y olvídate de mí, amor. 

Mereces alguien que te haga feliz, que esté siempre a tu lado. Yo no puedo. Ya no. Hazme caso por favor, cuando termines de leer mis palabras vete, quema la carta y con ella nuestros recuerdos. Puede ser muy peligroso que sigas recorriendo el casi-infinito y más aún que lo completes. No lo hagas por favor.

Te quiero y te querré, Zaida.

¡Pero qué mierda es esta! 

Leí diez veces más la carta esperando que las palabras hubiesen cambiado. Pero no. Lo que Zaida me escribió estaba muy claro: se ha ido para no volver. Y con ella también se ha ido gran parte de mí, por no decir todo mi ser. Ella creía que las personas teníamos cuerpo y alma, y yo solo soy cuerpo.

Cuando conseguí parar de llorar comencé a sentir rabia; salté encima de las bolsas de basura y tiré las cajas al suelo. El cuartillo parecía mejor así, ambos nos encontrábamos destrozados.

-Luca cariño, ¿estás bien? - me preguntó la señora.
-¡Sabe mi nombre! Usted lo sabía todo y me ha dejado ir de bar en bar como un gilipollas. Zaida le pidió que yo no sufriera, ¿lo entiende?
-Luca...Tú ibas a sufrir de todas las maneras. Zaida me encargó que sufrieras lo menos posible y aquí estamos. Ella quería que te diera la carta cuando tú me preguntaras por ella y yo te la he dado antes de que eso ocurriera. Te la he dado hoy, cuando he visto que tus ojos ya no tienen brillo. Y cuando he visto que ibas a tirar la toalla.
-¡Esto es una mierda! ¡Todo es una mierda!-grité-. Pero usted no tiene la culpa, perdóneme. No entiendo nada. He leído la carta, una y otra vez, y nada. No entiendo qué cosa tan grave puede ocurrir para que ella me deje de esta manera. ¡Zaida lo tenía todo planeado!