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lunes, 13 de febrero de 2017

¿Quién dijo miedo?


Yo. Yo dije miedo y lo sigo diciendo.
Y sintiendo.

El miedo es ese compañero de viaje inseparable y a la vez prescindible. ¡Vaya paradoja!

Miedo a la oscuridad.
Miedo a quedarme sola.
Miedo al fracaso.
A la decepción.
Al engaño.

Miedo, en definitiva.

Desconozco si algún día dejará de temblarme la voz al hablar frente a cuarenta personas.

No sé si algún día dejarán de temblarme las piernas antes de un examen.

Lo desconozco y me da miedo. Sí, miedo.

No sé si podré desprenderme de él pero estoy segura de que aprenderé a convivir a su lado.

Juntos, de la mano.
Como los lunares que adornan mi piel.
Como alguna cana que se esconde entre mis rizos.

Lo conseguiré. Estoy segura.

El miedo no es malo, solo quiere que nos esforcemos en cada uno de los pasos que damos. En cada suspiro. Debemos sacar lo mejor de nosotras mismas.

El miedo no quiere que nos conformemos. Ni que nos relajemos.

Hagámosle caso: ponte miedos y quítatelos. Mientras vayas superándolos sentirás eso que algunos llaman SATISFACCIÓN.

Y así es como yo quiero despedirme hoy, satisfecha de hacer públicas estas líneas y vencer el miedo a reconocer que tengo miedo.

Sí, miedo.

lunes, 23 de enero de 2017

¡Puedes contar conmigo!

¿Cuántas veces, a lo largo de nuestra vida, hemos necesitado oír esa frase?
¿Y cuántas veces nos la han dicho?
¿Tú se lo has dicho a alguien?

Hoy vengo a contaros algo que a mí me ha pasado en muchas ocasiones, y que cuando me despisto se repite: doy las cosas por hecho. Con esto me refiero a que por miedo a ser pesada, por pudor o simplemente por vagancia tiendo a pensar que todas las personas saben lo que siento o lo que opino. Obviamente, nada más lejos de la realidad. 

Cada situación y cada persona es diferente, y por ello debemos tener siempre presente que nunca está demás recordarle a alguien eso de 'puedes contar conmigo' o 'yo también te quiero, ama'. Son frases. Simples frases que nos hacen ahorrar disgustos y malentendidos. Frases que nos hacen gastar sonrisas o lágrimas, incluso ambas a la vez.

Siempre he pensado que hablando se entiende la gente, que si tenemos la suerte de haber nacido con una herramienta tan potente como es la palabra debemos exprimirla al máximo. 

¿A quién no le reconfortaría un 'puedes contar conmigo' en la salida de un tanatorio? 
¿A quién no se le erizaría la piel con un 'puedes contar conmigo' cuando se te acaba el contrato de trabajo?
¿A quién no se le empaparían los ojos con un 'puedes contar conmigo' cuando decides irte a otra ciudad lejos de tu casa?

Yo creo que a todos, ¿no? Si no es así resultará que quizá no se te haya ido nadie importante o no tengas piel ni ojos. De todas las personas que conozco 'mis emes' son las que más veces me han dicho ¡puedes contar conmigo! en diferentes idiomas, en distintos tonos de voz, en diversos lugares pero siempre con el mismo objetivo: acompañarme. Creo que no hay nada más importante que transmitirle a la gente que queremos que vas a estar ahí, que le apoyarás en las decisiones que tome, que no le dejarás sola y que le quieres. Esto último igual de importante. 

Es hora de dejar la vergüenza atrás.
Debemos atrevernos a decir más.
Es hora de dejar el miedo atrás.
Debemos apostar ciegamente más.

Y ellas, 'mis emes', me lo enseñaron hace ya muchos año. ¿El qué? En una verdadera amistad siempre tiene  que haber broncas, risas, más broncas, lágrimas, abrazos, cafés, confianza, cola caos y sinceridad. Esto último en nuestra relación sobra así que si a alguien le falta que me lo haga saber. 

Por ellas me hice mi último tatuaje (que explicaré en el siguiente post) porque desde que las conocí supe que lo nuestro será para siempre, que no es una relación de amigas al uso, que las tres somos especiales. Nos unimos en el momento preciso, en el lugar preciso, y estas cosas siempre salen bien.

                                     ¡Contad conmigo!






miércoles, 7 de septiembre de 2016

Pizza de gambas y chaca (no es una receta)

Esto no es una receta.
Tampoco es una metáfora.
Es la cena a la que un desconocido (que en breves se convertirá en compañero de piso) me ha invitado. 
Sí, es una pizza rara, diferente y especial. De hecho cuando la he probado se me ha olvidado que nunca me han gustado las gambas. 
¡Qué cosas! 
Yo comiendo gambas con un desconocido. Ha sido divertido conocer a alguien que come pizza con cuchillo y tenedor mientras yo sujetaba la porción con la mano derecha y contínuamente la movía a la izquierda para chuparme los dedos sin que se notara mucho. 
Hoy es la primera noche que voy a dormir sola en este nuevo piso y muchos pensamientos se pasean por aquí para que no olvide que hoy, como dice mi sobrino vuelve a empezar "mi nueva vida". 
¿Creen ustedes que alguien se hubiera podido negar a esa extraña pizza de gambas aunque las odie? 
No. 
Al menos no debería porque la vida es eso, ¿no? Probar.


jueves, 25 de julio de 2013

Razones.

'Tengo razones para buscarte.
Tengo necesidad de verte, oírte, de hablarte.
Tengo razones para esperarte porque no creo que haya en el mundo nadie más a quien ame.
Tengo razones, razones de sobra para pedirle al viento que vuelvas aunque sea como una sombra.
Tengo razones para no quererte olvidar porque el trocito de felicidad fuiste tú quien me lo dio a probar"
Hoy ha sido un trágico día para todos nosotros, ciudadanos de un lugar llamado MUNDO. Somos compañeros, deberíamos respetarnos y ayudarnos en momentos tan complicados como el de perder a ochenta personas. Personas con ilusión de vivir, pero que un desafortunado accidente no dejará que lo hagan.
Todo aquel que pierde a un ser querido de la manera más inesperada se habrá solidarizado con esta maldita situación.
La vida no es justa. Si lo fuera no pasarían estas cosas. Si alguien me pudiera explicar...
¿Por qué no volverán a respirar esas ochenta personas?
¿Por qué se han tenido que ir sin despedirse? Sin decir "adiós", un "te quiero" entrecortado o el último GRAN beso a la persona que les esperaba al otro lado del andén.
Las víctimas mortales han dejado de sufrir, pero sus familiares difícilmente podrán adornar sus caras con sonrisas.
Las demás víctimas, ingresadas en hospitales, deben luchar por seguir adelante, con el apoyo de todas las personas que tengan sentido común.
No podemos saber lo que la vida, Dios (para los que después de esto todavía sigan creyendo) o el DESTINO nos depara, por eso debemos mostrarnos solidarios, comprensivos y afectados, tal y como estamos, para que nadie se sienta solo ante esta situación.
Es un honor saber que cientos de personas han donado sangre, médicos en paro han ayudado trabajando codo a codo con bomberos en huelga.
Miles de ciudadanos nos hemos conmovido con la noticia, las imágenes, los gritos desesperantes de esa madre que ha perdido a su hijo, o de ese joven que esperaba con ilusión a que su novia llegara.
Desde aquí, miro al cielo con intención de buscar alguna estrella, donde poder pedir protección a esas personas que hoy han abandonado nuestro mundo.